Una visita profunda, intensa y cargada de muchos mensajes.

PROPUESTA PORTADA 2

Libro Disponible en info.confederacion@usem.org

Las homilías, mensajes y discursos del Santo Padre Francisco en su visita pastoral a México, son un ejercicio extraordinario de discernimiento, propuesta y análisis. Todos los mensajes nos sorprenden por su novedad y agudeza.

Sin duda necesitaremos tiempo para tener una mirada integral de este acontecimiento de gracia, que como los grandes sucesos, requieren analizar todos sus aspectos y matices.  No puedo dejar de mencionar, que por lo menos en el Encuentro con el Mundo del Trabajo, la USEM tuvo un papel muy importante, no sólo por la participación de su Presidente, sino por todas las implicaciones de convocatoria, logística, cuidado del mensaje y organización.

Después de leer varias veces los 15 mensajes, llego a la conclusión de que el programa que se planteó el Santo Padre desde el inicio de su Pontificado se va cumpliendo y anunciando constantemente, me permito citar algunos fragmentos de su primera homilía como Sumo Pontífice:

“Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación… es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón.

Es preocuparse uno del otro en la familia… Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios. Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido…

Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro. Pero, para «custodiar», también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura”[1].

Me pregunto, ¿no son a caso estas líneas, compatibles 100% con la vida de nuestro movimiento nacional, con gran parte de su historia y misión? La unión en lo social, la responsabilidad social, no son sino para custodiar, servir, generar solidaridades maduras marcadas por la lógica del encuentro y del don destinadas a la construcción del bien común.

Quisiera remarcar ahora, brevemente, algunos textos interesantes de la Visita:

a) Diálogo, negociación, compromiso solidario:

  • “Una cultura ancestral y un capital humano esperanzador, como el vuestro, tiene que ser la fuente de estímulo para que encontremos nuevas formas de diálogo, de negociación, de puentes capaces de guiarnos por la senda del compromiso solidario. Un compromiso en el que todos, comenzando por los que nos llamamos cristianos, nos entreguemos a la construcción de «una política auténticamente humana» (Gaudium et spes, 73) y una sociedad en la que nadie se sienta víctima de la cultura del descarte” (Palacio Nacional, Sábado 13 de febrero del 2016).

b) Todos actores de su propio destino; solidaridad; leyes:

  • “A los dirigentes de la vida social, cultural y política, les corresponde de modo especial trabajar para ofrecer a todos los ciudadanos la oportunidad de ser dignos actores de su propio destino, en su familia y en todos los círculos en los que se desarrolla la sociabilidad humana, ayudándoles a un acceso efectivo a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda adecuada, trabajo digno, alimento, justicia real, seguridad efectiva, un ambiente sano y de paz. Esto no es sólo un asunto de leyes que requieran de actualizaciones y mejoras —siempre necesarias—, sino de una urgente formación de la responsabilidad personal de cada uno, con pleno respeto del otro, como corresponsable en la causa común de promover el desarrollo nacional. Es una tarea que involucra a todo el pueblo mexicano en las distintas instancias, tanto públicas como privadas, tanto colectivas como individuales” (Palacio Nacional, Sábado 13 de febrero del 2016).

c) Debilidad del pensamiento de hoy; fronteras; tecnología; sentido de la vida; realidad.

  • “El mundo en el cual el Señor nos llama a desarrollar nuestra misión se ha vuelto muy complejo. Y aunque la prepotente idea del «cogito», que no negaba que hubiese al menos una roca sobre la arena del ser, hoy está dominada por una concepción de la vida, considerada por muchos, más que nunca, vacilante, errabunda y anómica, porque carece de sustrato sólido. Las fronteras, tan intensamente invocadas y sostenidas, se han vuelto permeables a la novedad de un mundo en el cual la fuerza de algunos ya no puede sobrevivir sin la vulnerabilidad de otros. La irreversible hibridación de la tecnología hace cercano lo que está lejano pero, lamentablemente, hace distante lo que debería estar cerca. Y, precisamente en este mundo así, Dios les pide tener una mirada capaz de interceptar la pregunta que grita en el corazón de vuestra gente… A ese grito es necesario responder que Dios existe y está cerca a través de Jesús. Que sólo Dios es la realidad sobre la cual se puede construir, porque «Dios es la realidad fundante, no un Dios sólo pensado o hipotético, sino el Dios de rostro humano»” (Cfr. Benedicto XVI, Discurso inaugural de la V Conferencia General del CELAM, 13 mayo 2007) (Discurso del Santo Padre Francisco a los Obispos, 13 de febrero del 2016).

d) Negociar, el paradigma de la utilidad económica, crear oportunidades:

  • Vinculados con los sociales: “no se cansen de dialogar y encontrarse: todos somos sujetos de esperanza. Negociar: todos tenemos que perder algo para que ganemos todos… Desgraciadamente, el tiempo que vivimos ha impuesto el PARADIGMA DE LA UTILIDAD ECONÓMICA como principio de las relaciones personales. La mentalidad reinante, en todas las partes, propugna la MAYOR CANTIDAD DE GANANCIAS posibles, a cualquier tipo de costo y de manera inmediata. No sólo provoca la pérdida de la dimensión ética de las empresas sino que olvida que la mejor inversión que se puede realizar en la gente, en las personas, en las familias. La mejor inversión es crear oportunidades…” (Discurso en el Encuentro con Empresarios, miércoles 17 de febrero del 2017).

Estos son sólo algunos ejemplos de algunas temáticas que abordó el Santo Padre. Él no vino a juzgar la realidad, vino a ofrecer orientaciones de lo que no sólo México, sino el mundo entero esta viviendo, concluyendo y redireccionando. La constante es la lógica del don, de la generosidad y sobre todo salir de la autorreferencialidad para entrar en el camino del encuentro, es decir de la verdadera solidaridad.

Pbro. M. en C. Eduardo Corral Merino
Asesor Moral de Confederación USEM
Reflexión de las Juntas de Consejo Consultivo y Consejo Directivo de Confederación USEM del 8 de marzo de 2016.

[1] Santa Misa de imposición del palio y entrega del anillo del pescador, en el solemne inicio del ministerio petrino del Obispo de Roma; Martes 19 de marzo de 2013, Solemnidad de San José, Plaza San Pedro.

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REFLEXIÓN: “UN DISCERNIMIENTO SERIO CONLLEVA UNA MIRADA COMPLEJA Y PROFUNDA”. Pbro. M. en C. Eduardo Corral Merino

Logo Redes Sociales 2Un ejercicio de discernimiento sobre la visión de la realidad de una institución tan seria e importante como lo es la USEM, exige una mirada sapiencial (que revise fines y medios, contextos y sentido de la Asociación, situación de los sujetos –quien hace la acción y quien recibe la acción solidaria–, entre otros), con una capacidad para ver de manera dinámica –y no sólo estática–, la realidad en su CONJUNTO.

San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola, entre otros, han manejado ampliamente en sus obras, experiencia y comunidad de vida, las implicaciones de un verdadero discernimiento sobre las realidades históricas –para valorar el pasado, reconocer el presente y proyectar al futuro–, de frente e iluminados por las exigencias evangélicas.

Por su parte, el Papa Emérito Benedicto XVI, así como el Papa Francisco, nos han ayudado mucho, recientemente, con Caritas in Veritate (CiV) y Evangelii Gaudium (EG). El primero, nos da elementos para DISTINGUIR FINES: la caridad en la verdad/la verdad de la caridad (encontrar la verdad, que es “logos”, que crea “diálogos” y por tanto comunicación y comunión –que no filantropía hueca y desarticulada de un desarrollo humano y sostenible–); el segundo, a RECONOCER GRANDES CONTEXTOS –no sólo situacionales, sino sobre todo CULTURALES (Cambio de Época, giro histórico) –.

Empecemos pues por discernir, es decir distinguir algunos elementos fundamentales de la USEM:

  • ¿Qué es la USEM? Un organismo intermedio.

El Compendio de Doctrina Social, y otros muchos instrumentos, señalan que el entramado social está compuesto por distintas instituciones naturales que tienen diferentes fines: organismos internacionales, Estados-Nación, empresas, partidos políticos, organismos intermedios, iglesias, sindicatos, universidades, familia, etc. CiV señala que desgraciadamente el paradigma utilitario rige actualmente de manera equívoca, en muchos casos, la naturaleza y sentido de varias de estas instituciones. Más que el valor de la solidaridad (gratuidad, generosidad, entre otros), el valor de la utilidad rige su funcionamiento. Por supuesto una cosa es que sean eficientes, y otra que su fin se vuelva utilitario –es decir ejercen su fin no viendo al otro, sino a sí mismos; no siendo para el otro, sino el otro para sí, para su sustento, ego, sostenibilidad, autorreferencialidad–.

 El Compendio de Doctrina Social, dice al respecto, entre otros:

Los organismos intermedios son asociaciones privadas, algunas de alcance mundial, de reciente creación en la sociedad civil para desarrollar una importante función de formación y sensibilización de la opinión pública, con una especial atención por el respeto de los derechos del hombre (443).

La doctrina social de la Iglesia sostiene e ilumina el papel de las asociaciones de laicos comprometidos en vivificar cristianamente los diversos sectores del orden temporal (549).

También las asociaciones profesionales, que agrupan a sus miembros en nombre de la vocación y misión cristianas en un determinado ambiente profesional o cultural, pueden desarrollar un valioso trabajo de maduración cristiana (550).

La vida de asociaciones sociales y políticas se deshumanizan sin una adecuada atención a la dimensión moral (566).

Las organizaciones privadas sin fines de lucro tienen un espacio específico en el ámbito económico y se caracterizan por conjugar armónicamente eficiencia productiva y solidaridad (357).

La tarea del Estado en relación con estas organizaciones intermedias de la sociedad civil, que tienen efectos públicos (bienes y servicios colectivos y de uso común cuya utilización no depende del mercado) es valorizarlas en su capacidad de contribuir al bien común, reconociéndolas como colaboradoras y complementarias del Estado y del mercado (356).

  •  ¿Cuál es la razón de ser de la USEM?

Somos pues una asociación civil –así lo demuestra su historia, presente y ánimo–, un organismo intermedio, que tiene como misión SOLIDARIA: unir, orientar y motivar a las personas de empresa para que, a través de su continua formación, así como reflexión sobre la práctica empresarial, promuevan empresas altamente productivas, plenamente humanas y socialmente responsables. La USEM debe estar preocupada, antes que nada por dar este servicio. Está constituida para ejercer la solidaridad. Obvio, sin olvidar criterios de eficiencia y eficacia no sólo económica.

  • ¿Cuál es el ámbito de acción de la USEM?

Queremos impulsar una economía con visión trascendente y humana. Nos motiva el hacer vida en nosotros mismos, en nuestras empresas específicamente, y en la sociedad en general, los principios Universales del Pensamiento Social de la Iglesia, que recupera ciencia, experiencia y una reflexión trascendente de la persona, la sociedad y el sentido de la vida.

  • ¿En qué contexto está la USEM?

Reconocemos que nos corresponde vivir una transición, un giro histórico, un cambio de época, cuyo nivel más profundo es el cultural –ahí donde se construyen las ideas fuerza, las ideas/fundamento y sustento de todo–. Es decir, nos encontramos en un periodo en el que prevalece la confusión y la falta de sentido, pues los paradigmas que antes nos hacían entender la realidad (Estado, mercado, tecnología, ciencia y poder), hoy son insuficientes, requieren integración y sentido en el fin de la persona humana (desarrollo, sostenibilidad, libertad, justicia, solidaridad, fraternidad).

Dentro de los rasgos culturales actuales, están (EG, No. 60-61):

  • la persecución abierta o de bajo perfil contra el ejercicio de la libertad religiosa, es decir contra aquellos que quieren dar un sentido mucho más solidario y trascendente a las realidades humanas, quedándose en el ámbito intimista, individualista, superficial, viviendo la “religión, a la carta”.
  • una difusa indiferencia relativista, relacionada con el desencanto y la crisis de las ideologías –cuestión que no sólo afecta a aquello propiamente religioso, sino a todo lo social en general-.
  • Menciona por supuesto, la necesidad de salir de una cultura en la que predomina: “lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial, lo provisorio, la apariencia”. Estas características impiden ver el todo, dar sentido y unidad a la realidad.

El Papa apunta: “Reconozcamos que una cultura, en la cual cada uno quiere ser el portador de una propia verdad subjetiva, vuelve difícil que los ciudadanos deseen integrar un proyecto común más allá de los beneficios y deseos personales” (No. 62). Como podemos apreciar el Papa contesta a las preguntas: cómo debemos evangelizar, en qué mundo estamos llamados a responder, pero sobre todo cómo debemos ver la realidad que nos interpela. Quizá, esta última parte sea la más novedosa.

  • ¿A través o cómo busca desempeñar su fin la USEM? Por medio de una formación de la conciencia solidaria que lleve a transformar sus realidades valorales y de acción.

En USEM queremos contribuir para que el dirigente de empresa encuentre la formación que le permita comprender la compleja realidad de hoy, desarrolle una fuerte conciencia social y en su actividad empresarial se desenvuelva con responsabilidad y una concreta visión ética, a través de diplomados, cursos, foros, espacios de reflexión, así como con la implementación de herramientas de gestión como el Protocolo de Responsabilidad Social.

  • ¿Tiene una mística la USEM? Sí.

Es una asociación de empresarios: con espíritu de diálogo, de solidadaridad y de trabajo. Busca integrar también la experiencia religiosa sin imponer un credo, y ofreciendo a toda persona de buena voluntad las exigencias sociales del Evangelio, según la práctica católica, en un contexto de libertad y diálogo inter-religioso.

En su historia, y en sus anhelos, está convencer por su TESTIMONIO. Está convencida que no crece “por proselitismo sino por atracción”, como dicen tanto el Papa Benedicto XVI, como el Papa Francisco.

  • ¿Qué promueve la USEM? Solidaridades locales, nacionales e internacionales.

Formamos parte de un movimiento nacional que tiene más de cincuenta años de existencia, la Confederación USEM, así como de la UNIAPAC (Unión Internacional de Asociaciones de Patronos Cristianos). A la fecha existen 22 asociaciones USEM constituidas legalmente en la República Mexicana.

  • ¿Qué debe re-definir la USEM, hoy?
  • Reconociendo su historia, los testimonios más grandes que le han dado vida y solidez, así como los desafíos de esta cultura que se manifiestan en ciertos hechos y situaciones, re-definir cuáles son sus más grandes desafíos, así como retos en este Cambio de Época.
  • Escrutar los signos de los tiempos de nuestra asociación (lo que pasa y por qué pasa), para poder entender nuestra realidad, así como la misión, nuestro servicio en este contexto. De nuevo, lo reitero: cuando la cultura requiere solidaridad, responsabilidad social, la USEM se muestra como una Institución que se ha ido preparado durante toda la vida para este momento.
  • Valorar, con autenticidad su carisma, sus fuentes, así como su talante (de sencillez, entrega y generosidad) para dar testimonio congruente de estos valores que nos inspiran y sostienen.
  • Re-definir, los mecanismos que alientan, promueven y facilitan la vida espiritual de los miembros de la USEM, entendiendo que ésta no se reduce al ámbito meramente religioso, sino que permea todas las relaciones –entre sus miembros, con nuestros destinatarios y sus empresas, así como las del sector empresarial y su contexto más amplio-, y el sentido de su participación en esta obra que no me canso de decir, está sostenida por la Providencia, por el Espíritu.
  • Por último: ¿Cuáles son las características espirituales que debe guiar nuestra reflexión, nuestras acciones y visión?

Un gran sentido de respeto, de cuidado por el bien común, por el todo –y no sólo por las partes–. Una gran generosidad y espíritu real de caridad. Deben prevalecer los afectos y razones más evangélicos;  la “U”, de Unión; la institucionalidad, la gradualidad y sobre todo una mirada ancha y larga. Es importante, antes que nada, la claridad de fines. Esto es posible si mantenemos nuestra estrecha relación con Jesucristo, Palabra de Vida. Si contemplamos en esta Cuaresma el misterio del Emmanuel, que no sólo ha salido al encuentro de la humanidad, haciéndose uno de nosotros, sino que se ha entregado, hasta “la última gota de sangre y agua”, para ayudarnos a dar el paso, la Pascua, de una vida humana –solamente–, a una vida que participe de Dios mismo: su eternidad, su totalidad, su amor incondicional. Hay que decirlo. Necesitamos la oración, los sacramentos, los criterios evangélicos, el silencio contemplativo que nos acerque cada vez más a Su Proyecto de Salvación.

PBRO. M. EN C. EDUARDO J. CORRAL MERINO,
ASESOR MORAL DE LA CONFEDERACIÓN USEM.

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Intervención de Lázaro Tamez en la XCVII Asamblea Plenaria 2014 de la CEM

cem1

EVANGELIZACIÓN DE LA CULTURA
29 de abril, 2014

Primera Unidad: V E R
Evangelizar la Cultura: Implicaciones y Retos Pastorales
Tema: Contextos culturales
Visión de un empresario

Por: Ing. José Lázaro Tamez Guerra
Presidente de Confederación USEM

Eminentísimos Señores Cardenales;
Excelentísimos Señores obispos;
Su Excelencia Monseñor Christophe Pierre, Nuncio Apostólico en México.
Estimados todos.

Es para mi un honor y una oportunidad estar con ustedes con motivo de su XCVII ASAMBLEA PLENARIA. Un honor por tener enfrente una concurrencia tan distinguida. Y una oportunidad, porque puedo exponer ante ustedes algo de mi experiencia como empresario, ahora en el marco de la Exhortación Evangelii Gaudium, del Papa Francisco, documento verdaderamente rico en su contenido, en su visión y en su lenguaje, por sus orientaciones y sentido de esperanza ante este cambio de época. Mi reflexión la haré desde mi experiencia como empresario y dirigente de organismos empresariales en los que he participado. Pero también hablaré como laico, pecador estándar. Un laico que ha querido vivir los valores del Evangelio en la empresa.

Dado lo breve del tiempo para esta intervención me centraré en las tres preguntas que nos pidieron comentar.

1. Criterios de vida más acentuados en el contexto donde vivo y desarrollo mi actividad y los cambios culturales que advierto. Temores e ilusiones ante esta realidad

a. Crisis generalizada

En la actualidad se percibe un estado de desorientación general en todos los ámbitos de la vida social y de su actividad, incluyendo el económico, el cultural, el político, el campo de la familia, y de manera especial menciono el campo moral o de la ética, que ha quedado excluido de la vida social, para ser confinado a vivirse sólo en lo privado. Desde mi particular punto de vista, esta desorientación se presenta en forma de crisis generalizada, que requiere de una atención adecuada. La principal preocupación en esta crisis de valores es que afecta a la persona y a la sociedad en general, debido a que se pierde la percepción del valor intrínseco, indispensable para la vida en sociedad. Esta situación se ha descrito como un estado de crisis en valores, sólo que, según yo, habría que ver si ésta crisis proviene de una falta en sí de valores adecuados, o si es ella un síntoma de causas más profundas, que habría que identificar para poder abordarlas.

b. Visión fragmentada de la realidad

Esta crisis generalizada no requiere de un diagnóstico profundo para reconocer que todos los ámbitos de la actividad social no son más que aspectos de una misma realidad interconectada, que no tiene fronteras reales entre ellos. Nos damos cuenta que esta realidad no puede ser separada en partes, de forma arbitraria, para distinguir los diferentes ámbitos de actividad en la vida social. La realidad es una, y las ciencias nos ayudan a entenderla, pero no han faltado posturas ideologizadas que quieren insistir en una visión fragmentada. Considero que es importante preguntarnos cómo estamos entendiendo y desde qué referentes estamos construyendo nuestra lectura de la realidad. Como nos dice el Papa Francisco, “necesitamos crecer en la interpretación de la Palabra revelada y en su comprensión de la verdad” (Cfr. Evangelii Gaudium 40).

Ciertamente hay situaciones que están muy mal, como la inseguridad, el secuestro, la pobreza y la exclusión, desempleo o empleos no dignos ni bien remunerados, crisis de la vida familiar, etc., etc.
No falta quienes afirman vehementemente, y con razón, que no podemos seguir así. Pero muchas veces los mueve (o nos mueve) la inmediatez y el pragmatismo, la fragmentación, el abuso de la técnica, la soberbia intelectual, el ansia de control, la auto-referencialidad, etc., situaciones que nos llevan a múltiples y continuos errores, más que a un análisis sereno de la realidad que implica abrirse a un horizonte mayor, de escucha y de comprensión.

Nos está haciendo falta un auténtico discernimiento evangélico de los signos de los tiempos, una reflexión ordenada y compartida que nos permita entender con cierta claridad nuestra compleja realidad y, sobre todo, dar pasos firmes para su transformación. “El discernimiento, la reflexión, implican una disposición espiritual. Un querer ubicarse más allá de uno mismo para entenderse en un todo, que no sólo nos desafía, sino principalmente nos ilumina.”

Creo que, además, nos están haciendo falta referentes de interpretación y de lectura sobre la realidad compleja de hoy, y la dificultad nos viene en buena medida del hecho de que los acontecimientos son tantos y tan veloces que la intención de conocimiento se ve desbordada continuamente por la rapidez de las interacciones propias de procesos extremadamente diversos (económicos, sociales, políticos, ideológicos, religiosos, culturales, etc.).

c. Impacto por la diferencia generacional en la vida del trabajo

Este cambio de época, con sus grandes avances tecnológicos y la velocidad con los que se dan, nos dejan ver que, en un mismo lugar de trabajo están impactando al mismo tiempo, por lo menos cuatro generaciones diferentes, en un rango de más de cuarenta años entre sí. Y una quinta que ya viene en camino. Fenómeno éste que vivimos por primera ves en la historia. Es decir, siempre han coexistido diversas generaciones en un mismo lugar de trabajo, pero nunca se habían dado tan radicales diferencias de objetivos, de principios y valores de cada generación que manifiestan conflictos de fondo que afectan el ambiente laboral.

Según algunos datos, el 85% de los profesionales (que en su mayoría son los dirigentes de empresa) se relaciona en su entorno laboral con al menos cinco generaciones distintas. Estas generaciones que hoy conviven en el mundo del trabajo tienen una diferencia máxima de 51 años (Cfr. Manpower, 2010).

Ya hay quienes han tipificado estas cinco generaciones:

– Los “Tradicionalistas”, personas mayores de 63 años, nacidos entre 1928 y 1946, representan en México el 6% de la Población Económicamente Activa (PEA) . El 45% de los profesionales convive con alguien perteneciente a esta generación . Son características propias: la dedicación; el sacrificio; respeto; la consolidación del contacto; actitud responsable, y su relación con la empresa es más bien de sacrificio.

– Los llamados “Baby boomers”, nacidos entre 1946 y 1964. Son llamados también los Work-aholic; buscan estatus; desean permanecer jóvenes; son leales; luchan por obtener una calidad de vida. Las personas de esta generación buscan sobrevivir. Conciben el liderazgo sobre la base del consenso; por lo regular tienen una actitud optimista; están enfocados en su trabajo. Con respecto a la autoridad hay una relación de Amor/Odio; buscan en la empresa sobre todo la gratificación personal; y no les cuesta trabajar en equipo.

– Los de la “Generación X”, nacidos entre 1964 y 1979. Sus características: son móviles; impacientes; self-branding, flexibles; con amplia Variedad en sus estilos de vida y de trabajo. Conciben el liderazgo como competencia; la autoridad no les impresiona; son escépticos; tienen una actitud balanceada en el trabajo; poco dispuestos al compromiso; buscan una vida personal más bien individualista; son auto-independientes.

– Y los llamados “Net Generation”, o “Generación Y”, nacidos entre 1980 y1995. Se caracterizan por su esfuerzo de Colaboración; con amplio afán de Entretenimiento; de “Libertad”; movidos por el cambio y la innovación; con amplio uso de herramientas digitales; están en un constante cuestionamiento. Son colaboradores; entienden el liderazgo en un proceso de participación y conciliación; se mueven en la lógica del Ganar-Ganar; quieren encontrarle sentido a su vida; se mueven en el ámbito de las redes sociales.

– Por último, la “Generación Z” o “Generación Verde”, los nacidos a partir de 1997. Aún no se tienen muy claras sus características, pero ya están en el mundo de trabajo.

Cada una de estas generaciones de trabajadores que crecieron y se desarrollaron en contextos significativamente distintos, viven con valores y prioridades marcadamente diferentes, entienden el trabajo de manera distinta, con actitudes diferentes ante la autoridad, y ante su responsabilidad laboral. Por ejemplo, los “Tradicionalistas” suelen entender las jerarquías en la empresa como una fuente natural de liderazgo, mientras que la “Generación X” tiende a reaccionar con desinterés ante la autoridad, identificando el liderazgo como función de la competencia. Por el contrario, los “Net gens” o “Generación Y”, presentan una actitud de cortesía ante la autoridad y entienden el liderazgo como una actividad colectiva.

Pues todo esto nos está representando nuevos y enormes retos en la vida laboral, en la empresa y en la búsqueda de modelos de desarrollo económicos que respondan en este cambio de época con sentido y respeto a la dignidad de la persona.

d. Rol de la Mujer

Para nosotros es un reto enorme el papel de la mujer en el mundo del trabajo. Un dato Estadístico de llamar la atención: de cada 10 hogares, 2.3 hogares son sustentados por la mujer. Cada vez hay más niños que viven sin una madre de tiempo completo. Además de que también crece el número de mujeres que ya no quieren tener hijos, que prefieren una vida sin hijos, pues siempre está la pregunta: ¿Y para qué traer hijos a sufrir en esta vida?

El Papa Juan Pablo II, en su legado Magisterial, nos dejó, a propósito de la mujer, estas palabras:

“Te doy gracias, mujer-trabajadora, que participas en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural, artística y política, mediante la indispensable aportación que das a la elaboración de una cultura capaz de conciliar razón y sentimiento, a una concepción de la vida siempre abierta al sentido del «misterio», a la edificación de estructuras económicas y políticas más ricas de humanidad.”

Hoy, en USEM, nos cuestionamos las condiciones de vida y de trabajo de la mujer, y buscamos esquemas que respondan a esta nueva realidad, donde se ve muchas veces violentada su dignidad y trastocada su familia.

e. Creación/destrucción del “Capital Social”

Refiriéndome ahora al terreno específico de la empresa y la economía, creo importante destacar que no le toca a la empresa resolver todos los problemas de la realidad, pero sí le corresponde contribuir a su solución. Como señaló el Papa Francisco en Evangelii Gaudium No. 203: “La vocación de un empresario es una noble tarea, siempre que se deje interpelar por un sentido más amplio de la vida; esto le permite servir verdaderamente al bien común, con su esfuerzo por multiplicar y volver más accesibles para todos los bienes de este mundo”. El asunto es que no todo empresario tiene claro esta vocación.

Desde nuestro ámbito natural (la empresa) alcanzamos toda la realidad, aunque no en toda su extensión, porque ella es toda una, en la que estamos incluidos nosotros y nuestra acción como empresarios. Observamos entonces, diferentes fenómenos de esta realidad, y podemos así identificar la forma en la que acontece. A algunos empresarios nos preocupa realmente el problema de la seguridad pública, del proceso de disolución de la familia, y la consecuente desaparición o el trastoque de los valores, que son transmisibles exclusivamente por ella. Vemos problemas referentes al tejido social, y a la cohesión de la sociedad, sin dejar de lado los obstáculos para el desarrollo integral de las personas, de su educación, y a lo que podemos clasificar de endémico, como es el problema de la pobreza estructural, y a su pariente cercano: la desigualdad o inequidad, esperando que este problema sea resuelto por otro agente en la sociedad, como la política.

Este momento histórico que vivimos, denominado principalmente por el Magisterio Latinoamericano como un Cambio de Época , nos convoca a todos los actores y sectores de la sociedad a consolidar, en un fecundo diálogo, valores como: la comunión, la solidaridad, la confianza y por supuesto la responsabilidad social, y en nuestro caso, la responsabilidad social empresarial.

Es decir, considero que estamos llamados a consolidar el “Capital Social”. Por capital social entiendo el conjunto de relaciones sociales significativas, de confianza y colaboración que dan sentido a nuestra actividad. O, como nos dice el Papa Emérito Benedicto XVI: Capital social es el “conjunto de relaciones de confianza, fiabilidad y respeto de las normas, que son indispensables en toda convivencia civil” .

Hoy por hoy, los valores que están normando las relaciones comerciales y de mercado son justamente los propios del “Capital Social”, como la confianza y la colaboración.

El Santo Padre Francisco nos ha llamado, reciente e incisivamente, a salir de una dinámica de autorreferencialidad. No es suficiente dominar los propios ambientes, con todo lo que ello implica, sino que ahora debemos buscar entender el contexto global de ellos, y participar con el “poder del servicio” en la construcción del “Capital Social” para lograr una mejor civilización, más humana, más justa, más fraterna.

2. ¿Hay lugar para Dios?

Se nos ha hecho una segunda pregunta: En este contexto, ¿hay lugar para Dios? Mi respuesta inmediata es: por supuesto que sí.

Pero debo decir también que la pregunta tiene cierta jiribilla, pues desde mi experiencia en USEM he aprendido que Dios está presente en nuestra historia, y en nuestra vida. El problema es que no siempre lo reconocemos, no caemos en la cuenta de su presencia salvífica en nuestra historia, en nuestra realidad. Y creo que es en este sentido que se nos ha hecho la pregunta de si hay lugar para Dios.

Creo además que la respuesta la podemos encontrar en aquellas palabras del Papa Benedicto XVI en su discurso inaugural en Aparecida, ante la V CELAM: “Quien excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de “realidad” y, en consecuencia, sólo puede terminar en caminos equivocados y con recetas destructivas”.

Este ha sido nuestro problema y es ahora nuestro reto: ¿Cómo lograremos ver la presencia de Dios en nuestras vidas ante una sociedad fuertemente secularizada? O en palabras del Papa Francisco en Evangelii Gaudium n° 2: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien.”

3. Algunas Sugerencias

Ante los retos que he señalado y el llamado del Papa Francisco de salir al mundo con la Alegría del Evangelio, me permito hacer algunas sugerencias.

a. ¿Qué hacer ante la crisis anteriormente mencionada?

− Primero: Serenidad. Pero serenidad implica un ejercicio serio de reflexión.
Entre las muchas obras del gran filósofo inglés Chesterton, hay una que tituló: “Lo que está mal en el mundo es que no nos preguntamos por lo que está bien”. Y señala que: “El problema de las Ciencias Sociales modernas es que buscan resolver los problemas mirando datos. Pero las estadísticas no producen remedios a los males sociales.” Creo que los solos análisis o diagnósticos de la realidad se quedan en la técnica. Y esto no es suficiente.

En esta misma obra Chesterton insistirá que “Los tiempos problemáticos requieren «hombres imprácticos»”. Con esta afirmación Chesterton se estaba refiriendo a los sacerdotes, a los filósofos, a pensadores en pos del sentido. Y es esto algo de lo que creo nos está haciendo mucha falta. Nos está haciendo falta pensadores agudos que ayuden al discernimiento de los signos de los tiempos.

El Documento de Aparecida, en el n° 492, nos dice que: “Una tarea de gran importancia es la formación de pensadores y personas que estén en los niveles de decisión. Para eso, debemos emplear esfuerzo y creatividad en la evangelización de empresarios, políticos y formadores de opinión, el mundo del trabajo, dirigentes sindicales, cooperativos y comunitarios”.

Creo que como generación humana estamos dejando atrás aquella imagen de que el malo de la historia es el empresario.

Entonces, en tiempos de crisis: reflexionar con serenidad y seriedad en un auténtico ejercicio de discernimiento evangélico de los signos de los tiempos.

− Segundo: fomentar la vocación laical, el crhistifideles laici con sentido de comunión

Creo importante buscar, en un esfuerzo común, cómo los empresarios podamos despejar las dudas sobre nuestras responsabilidades. Y del lado de la Jerarquía, despejar perjuicios respecto al actuar de los laicos empresarios.

Muchos empresarios somos cristianos que queremos vivir los valores del Evangelio en nuestro quehacer cotidiano. Y queremos hacer vida las palabras del Concilio Vaticano II, en su decreto “Ad gentes divinitus” n° 21, que a la letra dice:

“La Iglesia no está verdaderamente fundada, ni vive plenamente, ni es un signo perfecto de Cristo entre los hombres, mientras no exista y trabaje con la Jerarquía un laicado propiamente dicho. Porque el Evangelio no puede quedar profundamente gravado en las mentes, la vida y el trabajo de un pueblo, sin la presencia activa de los laicos. Por ello, ya desde la fundación de la Iglesia se ha de atender sobre todo a la constitución de un laicado cristiano maduro…”.

Gracias a Dios, creo que ya superamos aquella definición negativa del laico fiel a Cristo, pues ya no se nos dice que somos los “no sacerdotes”, o los que no tenemos vocación. Somos laicos no por no haber tenido «vocación», sino porque Dios quiso, desde toda la eternidad, llamarnos a la existencia como laicos, y por ello vivimos en el mundo sin ser del mundo, como testigos de Cristo.

Con esto, lo que quiero decir también es que los laicos necesitamos al sacerdote para vivir la misericordia de Dios en este mundo, en esta historia que nos ha tocado vivir. Muchos esperamos un sacerdote confiable, con intensa vida, que nos ayude a comprender nuestra propia realidad personal y social. Necesitamos sacerdotes alegres y con esperanza. Un sacerdote así siempre dirá que la vida vale la pena vivirla.

Sé de algunos sacerdotes que nos han ofrecido testimonio de una vida totalmente entregada y de servicio; me he topado con teólogos capaces de ayudarnos a profundizar en la enseñanza de la Iglesia; se de algunos testigos de fe y de esperanza sometidos al martirio por confesar su credo… También se de sacerdotes que ante la pequeñez de la naturaleza humana se han sentido tentados por el desaliento. En fin, necesitamos sacerdotes testigos de la misericordia de Dios.

Pero también puedo decir con plena libertad que ustedes sacerdotes nos necesitan para vivir su ministerio.

Al decir que hay una diferencia esencial y no sólo en grado entre el sacerdote y el laico, entiendo que no se trata de una forma superior de perfección, como si el convertirse en sacerdote fuera convertirse en un cristiano superior, de élite. Y no es así. Los santos nos han enseñado que efectivamente hay ciertos grados de perfección de vida cristiana, y a estos grados de perfección se les llama santidad. La santidad es esa dimensión en la que se puede hablar de grados de perfección. Y, ¿saben?, en esta carrera a la santidad no hay límites, todos estamos llamados a la santidad.

Por eso creo que hay que fomentar la vocación laical en el marco del misterio de la Iglesia comunión. Nos necesitamos mutuamente para vivir nuestra vocación en plenitud.

− Tercero: Fomentar la responsabilidad social empresarial

El Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, n° 16, nos dice que “El primero de los grandes desafíos, que la humanidad enfrenta hoy, es el de la verdad misma del ser-hombre. El límite y la relación entre naturaleza, técnica y moral son cuestiones que interpelan fuertemente nuestra responsabilidad personal y colectiva. Un segundo desafío es el que presenta la comprensión y la gestión del pluralismo y de las diferencias en todos los ámbitos: de pensamiento, de opción moral, de cultura, de adhesión religiosa, de filosofía del desarrollo humano y social”.

¿Qué acompañamiento nos puedan ofrecer nuestros pastores para un proceso de revaloración de la persona en el ámbito del trabajo ante este cambio de época?

Para nosotros empresarios es claro que tenemos la grave responsabilidad de reconocer a todo ser humano como persona, con igual dignidad al interior de nuestras empresas. Pero la complejidad de la realidad no siempre nos permite ver con claridad y algunas decisiones que tomamos afectan a mucha gente. Por ello creo que, en un diálogo fecundo, pastores y empresarios podemos ir fomentando una responsabilidad social empresarial que vaya más allá de una estrategia de mercado o del simple cumplimiento de la ley.

− Cuarto: Construir “Capital Social”

En este cambio de época debemos reconocer que parte del problema general de la crisis es el gran déficit de capital social. Esto es quizá una de las causas que actúan en la complejidad del síndrome en el que vivimos hoy.

No hay una única definición de “Capital Social”. En USEM entendemos al capital social como el conjunto de normas y valores compartidos en una comunidad, que permite la interacción entre sus miembros para su beneficio, mediante la confianza general que facilita hacer buenas relaciones dentro de un sistema. Esto favorece la participación transparente de los miembros de una sociedad y la disposición general a colaborar en fines y proyectos comunes.

Como elementos clave del capital social tenemos la confianza y lo que la refuerza: la transparencia, la equidad, la participación, la cohesión social, la colaboración, la pertenencia, sostenibilidad, asociación y trabajo en equipo, alianzas estratégicas, reducción de costos en transacciones, y mayor competitividad y pertenencia.

Son también manifestaciones de la presencia de capital social la conectividad, el tejido social, el desarrollo humano, y mediante la confianza, la transparencia y la ética, se genera empatía, pertenencia, valores compartidos, desarrollo económico, salud, democracia, Estado de Derecho y transaccionalidad. Como elemento de deterioro de la confianza está el familismo, que genera una doble moral, por su corto radio de confianza y la inequidad, que es una forma evidente de injusticia.

El “Capital Social” es como una especie de “paraguas” englobante que orienta el comportamiento social. El capital social es portador de una verdadera riqueza integral, no sólo económica, y se puede construir basándonos en los valores que generan la confianza. Podríamos decir que el destino de la humanidad está en formar este capital, debido a su naturaleza social, profunda e incluyente. A mayor capital social mayor desarrollo humano.

En USEM hemos logrado posicionar esta cuestión social y será motivo de nuestro próximo congreso nacional. También logramos colocar este asunto en UNIAPAC, organismo internacional al que pertenecemos. Y será motivo, entre otras cosas, del próximo encuentro de diálogo CELAM – UNIAPAC, y del Congreso Latinoamericano a celebrarse en octubre próximo, en República Dominicana. Ojalá que muchos de ustedes puedan acompañarnos en este encuentro de diálogo.

Pero también hemos iniciado el proceso de posicionamiento esta cuestión en algunos de los organismos empresariales de México, como COPARMEX y en el seno del Consejo Coordinador Empresarial. Queremos impulsar una mayor conciencia y compromiso para crear ese “Capital Social” que necesitamos en México.

Muchas gracias

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XVI Congreso Nacional USEM – Documento Base

LA FORMACIÓN DE CAPITAL SOCIAL COMO RESPUESTA A LA CRISIS GENERALIZADA QUE VIVIMOS

La sociedad mexicana en su conjunto atraviesa desde hace años una crisis generalizada que se manifiesta de numerosas maneras en diversos ámbitos: En el ámbito familiar a través de la descomposición de cada vez más familias nucleares; en el ámbito educativo a través de los continuos malos resultados de nuestros estudiantes, del alto índice de deserción y de la falta de preparación técnica y ética que atestiguan incluso estudiantes universitarios; en el ámbito político se extiende cada vez una actitud de desencanto, cinismo y hartazgo frente a instituciones políticas fundamentales; en el ámbito económico persiste una desigualdad y millones de mexicanos no encuentran los medios para salir de la extrema pobreza.

La iniciativa privada batalla continuamente contra: una excesiva y mala legislación, la competencia desleal por parte del comercio informal, la creciente inseguridad así como la incertidumbre jurídica respecto a la protección de la propiedad privada y de la integridad personal.

La metáfora del “tejido social desgarrado” suele utilizarse para describir esta crisis generalizada. El sentido de la metáfora es hablar de una tela que se deshilacha poco a poco a la manera como una sociedad se va descomponiendo en grupos de poder enfrentados entre sí e individuos que no se preocupan en nada por el bien común.

La respuesta a este desgarre debe provenir de los diversos actores de la sociedad tales como la familia, las iglesias, los partidos políticos, el gobierno, los educadores, académicos y promotores de cultura, especialmente la empresa. Estos actores debe colaborar a proteger y acrecentar el “capital social” de nuestra sociedad.

Sin querer agotar una noción tan rica, se puede entender el capital social como el conjunto de normas y valores compartidos en una sociedad que fomenta la interacción armoniosa entre sus miembros a fin de trabajar en aras del beneficio de la sociedad en su conjunto. Del conjunto de normas y valores compartidos se derivan actitudes responsables y éticas que promueven una confianza cada vez más extendida entre todos los actores sociales. Dicha confianza genera cohesión social, acrecienta el número de todo tipo de transacciones (económicas, intelectuales, educativas, espirituales, etc.), a la vez que reduce el costo de dichas transacciones. A mayor capital social, mayor confianza, mayor desarrollo y mejor convivencia civil.

Caritas in veritate y Evangelii Gaudium refieren al imperativo de organizar la vida social en torno a principios y valores abiertos a la trascendencia, a la búsqueda de los bienes comunes, al desarrollo personal a través del servicio y la promoción de la dignidad de la persona. La empresa, como portadora de una verdadera riqueza integral, tiene un gran papel en la protección y el aumento del capital social, analizar este papel y promover un desempeño eficaz en él será la finalidad de este congreso.

El XVI Congreso Nacional USEM se llevará a cabo 5, 6 y 7 de noviembre en la ciudad de Toluca, estado de México.

Pronto más información en: http://www.usem.org

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Ante los nuevos tiempos…. Pbro. Eduardo Corral Merino

1442h0018 Ante los nuevos tiempos, necesitamos, de manera individual y comunitaria, trabajar la vida espiritual, que implica: mayor profundidad en el entender; ampliar nuestra disposición y generosidad, así como cuidar el “estar y hacer”. Sólo así tendremos un nuevo capital social.

9 de enero del 2014.
Pbro. Eduardo J. Corral Merino. Asesor Moral.

El 24 de noviembre pasado, el Papa Francisco dirigió a obispos, presbíteros, religiosos y laicos, la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. Señaló que es una especie de “programa para su Pontificado”. El documento es rico, amplio, pero sobre todo profundo y de una gran actualidad. Es de muy fácil lectura y podemos decir que atrapa, engancha. Además, en sus cinco capítulos aborda de manera magistral la realidad de la Iglesia, del mundo, y por supuesto la necesaria relación de servicio que debe haber de la primera, a la segunda. Experimentar “la alegría del Evangelio” es la respuesta a la pregunta de cómo anunciar el Evangelio en el mundo actual, tema del Sínodo de Obispos convocado en el año 2012 por el Papa Emérito Benedicto XVI.

La fe, de nueva cuenta nos señala el Papa, no es sólo una doctrina, un decálogo o un conjunto de oraciones, acciones pastorales u obras piadosas, sino que es un acontecimiento, una experiencia, un encuentro que reclama sujetos, personas conscientes y actuantes, sabedoras de quiénes son y a dónde van, según la Plenitud de la Revelación en Jesucristo. Anunciar la Buena Nueva, entonces, no puede ser una tarea individual, autorreferencial, sino la continua búsqueda de anunciar en nuestra cultura, un Proyecto que no es nuestro, sino del Padre.

Para los empresarios de USEM, es fundamental el conocimiento, reflexión y experiencia de las orientaciones vertidas en este histórico ejercicio del Magisterio Pontificio. Sólo hay que revisar algunos de los títulos para ver lo providencial que resulta su contenido. Entre algunos del Capítulo Dos, señalo algunos temas: la economía de la exclusión [53-54]; la nueva idolatría del dinero [55-56]; no a un dinero que gobierna en lugar de servir [57-58]; inequidad que genera violencia [59-60]; algunos desafíos culturales [61-67]. Estos numerales, nos enseñan a pensar la realidad, nos dan claros principios de reflexión para el campo económico, sin embargo -no olvidemos-, que el documento plantea otros en el ámbito social, político, cultural, ideológico y por supuesto religioso.

Además de ayudarnos a discernir la realidad correctamente, es decir para ser ortodoxos (rectos en el pensar), nos ayuda también con otros criterios de juicio y líneas de acción, que nos permiten actuar correctamente frente a ella (esto es para tener una ortopraxis). Entre éstos, cito, por ejemplo los siguientes, que están también en el Capítulo Dos, en el Inciso II, de las: “Tentaciones de los agentes pastorales”: No a la acedia egoísta [81-83]; no al pesimismo estéril [84-86]; sí a las relaciones nuevas que genera Jesucristo [87-92]; no a la mundanidad espiritual [93-97]; no a la guerra entre nosotros [98-101]. Hay otros, más novedosos, presentes en el Capítulo IV, en el inciso III, con relación al bien común y la paz social: El tiempo es superior al espacio [222-225]; la unidad debe prevalecer sobre el conflicto [226-230]; la realidad es más importante que la idea [231-233]; el todo es superior a la parte [234-237].

No podemos dejar de citar el numeral 203, que dice: “La dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica, pero a veces parecen sólo apéndices agregados desde fuera para completar un discurso político sin perspectivas ni programas de verdadero desarrollo integral. ¡Cuántas palabras se han vuelto molestas para este sistema! Molesta que se hable de ética, molesta que se hable de solidaridad mundial, molesta que se hable de distribución de los bienes, molesta que se hable de preservar las fuentes de trabajo, molesta que se hable de la dignidad de los débiles, molesta que se hable de un Dios que exige un compromiso por la justicia. Otras veces sucede que estas palabras se vuelven objeto de un manoseo oportunista que las deshonra. La cómoda indiferencia ante estas cuestiones vacía nuestra vida y nuestras palabras de todo significado. La vocación de un empresario es una noble tarea, siempre que se deje interpelar por un sentido más amplio de la vida; esto le permite servir verdaderamente al bien común, con su esfuerzo por multiplicar y volver más accesibles para todos los bienes de este mundo”.

Solamente confrontarnos con este parágrafo, estoy seguro, nos enriquecería muchísimo, pues nosotros mismos hemos sufrido la indiferencia y una cierta molestia de quienes “usan” o manosean temas que desde hace mucho tiempo la USEM difunde y busca llevar a la práctica, como la responsabilidad empresarial, la dignidad del trabajo, o la necesaria relación que debe haber entre convicciones éticas y la praxis empresarial, entre muchos otros temas.

Este Documento del Magisterio es bálsamo para nuestros oídos y corazones; es una exhortación preciosa para seguir impulsando nuestra Unión; es una luz potente que puede iluminar mucho nuestro camino, que ya en sí, es muy bello. Quede pues la invitación, individual y colectiva, a entrar en este extraordinario llamado del Papa Francisco que secunda, abona y poda la vida de nuestra USEM.

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USEM, sin duda ha hecho la tarea, sin embargo creo que se le exigirá mucho. Eduardo Corral

CaminoEstamos en un tiempo de cambios. Ni la Iglesia, ni la empresa, se salvan. El Papa Francisco, como Ustedes han podido ver, tiene un nuevo perfil, una lógica diferente, con sabor a profundidad evangélica. Lo mismo pasa con la empresa, por ello, se recupera la responsabilidad social, la transparencia, la congruencia, los sistemas, la ética.

El Papa Francisco es un hombre con sabor a evangelio, a desprendimiento, a apertura. No concibe la Iglesia como castillo sino como plaza de pueblo. En la empresa está pasando lo mismo. La empresa debe recuperar a la persona, ponerla al centro y por ello se habla de democracia participativa, de comunicación, de un mando más horizontal, etc.

Hoy la Iglesia quiere salir. Ha dicho el  Papa: debemos salir de nuestra autoreferencialidad, debemos ir a las fronteras no sólo geográficas, sino también existenciales. La Iglesia debe bajar a la calle para encontrar a Dios no como una póliza de seguridad, sino como una luz que da sentido, rumbo. ¿Qué hace USEM sino eso: dar sentido de vida al empresario? Pero sobre todo hoy se pide confianza y certidumbre, comunión y solidaridad.

Ya en su primera aparición, y después de más de 100 días de pontificado, Francisco con sus signos de sencillez, oración, sobriedad y cercanía, ha dado confianza. Su pontificado se puede reducir a una serie de gestos; pero que ocultan una actitud. Más allá del cambio de habitación, zapatos, papamóvil, paramentos litúrgicos y  protocolo, hay en el papa Francisco un giro. Opta por una vida comunitaria para evitar el espléndido aislamiento, y sobre todo da sus primeros pasos para tomarse en serio el casi arrumbado Vaticano II en su concepción de la colegialidad. USEM hace eso: nos saca del aislamiento de la propia empresa para ponernos en comunión.

Sin haber publicado aún un documento sobre ética económica de la crisis, Francisco arranca desde  la autocrítica de la propia Iglesia: corrupción, ambición, carrerismo.  Sin duda debemos esperar atentos. Su propuesta sobre el mundo económico será clara. Debemos estar preparados, pues en este nuevo modo de asumir el Evangelio llegará hasta las puertas de la empresa.

USEM, sin duda ha hecho la tarea, sin embargo creo que se le exigirá mucho, en estos nuevos tiempos. Estemos atentos, estemos preparados.

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UNA USEM CON ESPIRITUALIDAD, ES UNA USEM CON SUSTENTO Y SENTIDO.

Logo Redes Sociales 2Mucho se busca hoy la espiritualidad. Poco se sabe qué es. El Cambio de Época que vivimos la reclama, pues en el fondo hay una exigencia explícita de sentido, de finalidad, de congruencia, de discernimiento, de orden con claro destino.

Han resultado insuficientes la inmediatez de miras, la estrechez de sentido que se manifiestan en el pragmatismo, en el eficientismo, en el utilitarismo, en la seducción mercadológica, pero sobre todo en la autoreferencialidad individual o incluso colectiva (de ahí el drama de las democracias de hoy: posibles acuerdos sin sustento verdadero. V.gr.: Fariseísmos legales como el cuidar la presión arterial de las personas quitando el salero de las mesas en los restaurantes, aunque se legalice, meses antes, la destrucción de la vida de miles de no nacidos).

Aquellos que reflexionan adecuadamente la realidad de hoy, saben que no es suficiente la propia experiencia, conocimiento, sentir o parecer. Esta es la autoreferencialidad señalada. La realidad es compleja. Ésta, debe ser constantemente leída, escuchada, analizada, discernida. Una verdadera espiritualidad parte de este acto esencial de humildad. La inteligencia (inter-leggere, o sea leer hacia dentro) implica esta acción de verificar dentro, lo que está fuera, con sus capacidades implícitas: revisión de fines, medios, disposiciones, antecedentes, fundamentos.  Y no sólo vivir caprichudamente de lo que sale de dentro: pasiones, conveniencias, impulsos, ideas propias.

Sin embargo, este ejercicio de reflexión y meditación de la realidad es sólo una mínima parte de la vida espiritual. Además de ser sensible a los hechos y circunstancias, se requiere de la construcción de un conjunto de referentes que me permitan leer correctamente la realidad. Es decir unos lentes bien graduados por las exigencias evangélicas y los afectos de misericordia. Paralelamente debe acompañarse de una sana disposición: paciencia frente a la realidad, generosidad en nuestro esfuerzo y el desprendimiento de mis bienes, perseverancia en nuestra comunicación con otros, así como un decidido esfuerzo de mantenerse en un acercamiento y apertura para saber interpretar y entrar a la realidad.

Pero además del esfuerzo personal y colectivo, en la vida espiritual se exige, fundamentalmente, una constante capacidad de ver los signos de los tiempos. Se requiere además la vida de la gracia, mi esfuerzo por dar un salto existencial, con el fin de SUMARME(NOS) A LA SABIDURÍA, AL SUMO BIEN, A LA FUERZA DEL AMOR INTELIGENTE. La verdadera vida espiritual requiere salir de la autoreferencialidad, para vivir en un dinamismo mucho más amplio, que en sí mismo es creativo. Sólo en esta realidad es posible perdonar, reconciliar, vivir la comunión, la esperanza, la unidad, la fe, la caridad. ¿Qué sería de la empresa sin estas virtudes? ¿Qué sería de la USEM sin estas virtudes?

Debemos preguntarnos, por ejemplo: ¿Cómo vivo mi servicio a la USEM, en sus distintas estructuras (UNIAPAC, Confederación, USEM local)? ¿Vivo en la autoreferencialidad? ¿Lo que ofrezco es sólo lo mío, lo de mis próximos, o participo de una sabiduría mucho más amplia? ¿Desde qué lentes veo a la USEM y a la realidad histórica que nos corresponde vivir? ¿Qué sucedería si veo a la USEM desde mi miopía, y en ella no genero ni frutos, ni generosidad verdadera? Hagámonos otro tipo de preguntas con relación a nuestro servicio: ¿USEM está dando luz a otras instituciones que participan para humanizar el mundo económico para hacerlo más solidario? ¿Estamos generando empresas más humanas y productivas, con mayor responsabilidad social? Estoy seguro que sí. USEM ha dado muchos frutos, pero la realidad nos está interpelando para dar más. Recordemos, somos nosotros los que participamos del Plan de Dios, de sus tiempos, de su pedagogía, y no Dios quien debe responder a nuestros planes.

La vida espiritual requiere constantemente de piedad,  de lectura espiritual, de silencio, de discernimiento, de sacrificio que doblegue nuestra soberbia y fomente la humildad, de desprendimiento, de cruz que nos aleje del confort y la autoreferencialidad, de verdadera oración (es decir fomentar mi disposición y experiencia constante de Dios), de la participación en los sacramentos, pues ellos son las vías más cercana que me permiten participar la vida divina. Revisemos nuestros frutos, pues ciertamente el Evangelio lo señala claramente: “Por sus obras los reconoceréis”. ¿Cuáles son tus obras? ¿El servicio que presto, el servicio que ofrecemos es un bien para los demás? ¿Suma o resta? ¿Multiplica o divide? ¿Se leen así, como un servicio?  ¿Son un servicio?

La USEM debe trabajar, abiertamente, y cada vez más su espiritualidad. Este aspecto es lo que la hace diferente a otras asociaciones o gremios. La USEM no ofrece productos. Ofrece sentido a la existencia, a la persona del empresario. Es un espacio que abre a la experiencia de formación para llegar a ser un empresario profundo y vinculado con la realidad social, pero sobre todo con Dios una realidad que nos trasciende, que es Principio y Fin, Alfa y Omega. Nuestro éxito, el cumplimiento de nuestra visión y finalidad depende de nuestra participación y seguimiento a Jesús. No depende tanto de caminos técnicos o administrativos, que son necesarios, pero profundamente insuficientes. Recordemos: los laicos son de este mundo, pero no sólo.

23 de Mayo, 2013

Pbro. Eduardo Corral M.
Asesor Moral
Confederación USEM

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